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La destrucción de Zuri

de

Trabajo realizado en el marco del proyecto La escuela del futuro. Profesoras Marisa Conde (informática), y Soledad Marchese (lengua).

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LA MEJOR OPCIÓN

¿Cuál sería la opción correcta? ¿Qué debía elegir? Esto era lo que se preguntaba Eduardo Simón, director de la Escuela nro. 2 de Chubut.

Dueños de una empresa petrolera querían extender su fábrica y le habían ofrecido cien mil dólares a cambio de quedarse con el colegio y el terreno que este ocupaba.

Desde esa mañana en que se reunió con los dirigentes de la compañía, Eduardo no paraba de pensar en dicha proposición.

Esa escuela era como su hogar, pero no estaba pasando por una buena situación económica y semejante suma de dinero lo hacía dudar hasta tal punto que llegó a ser desesperante. Por el día paraba de meditarlo y por la noche no podía dormir.

Una tarde, pegó un afiche en la puerta de la dirección y comenzó a anotar los beneficios y desventajas de venderla o quedarse con ella. Ambas eran muy tentadoras, pero sólo podía decidirse por una. ¿Cuál era la mejor opción?

Caminando por la calle, Eduardo pasó por un viejo club y decidió entrar. Todo estaba desierto: las canchas estaban desoladas. Esto le pareció raro ya que en ese club siempre había alguien. Pasó por un cuarto en donde se guardaban todos los materiales para hacer deportes, tomó un saco con pelotas de básquet y se dispuso a ir hacia la cancha para realizar algunos tiros. Llegó al centro de la pista, abrió la bolsa y tomó un balón. Fue como si todo comenzara a temblar: no podía soltar la bola. Era como si una fuerza lo pegara a ella. En un abrir y cerrar de ojos, Eduardo ya no estaba allí.

-¡Auch!

Se había dado un buen golpe en la cabeza.

-¿Estás bien?

-No sé, creo que sí.

-Mi nombre es Juan, déjeme ayudarlo.

Tomó a Eduardo del brazo.

-Muchas gracias, estoy un poco confundido.

-Seguro que lo está, se dio un buen golpe.

-Sí, ¿qué me pasó?

-Usted estaba mirando el partido y decidió meterse en la cancha, entonces recibió un fuerte golpe en la cabeza y quedó desmayado.

-¿Dónde estoy?

-¡Está de verdad mareado! Usted se encuentra en el club de deportes.

-¿Cómo llegué aquí?

-Señor, usted siempre estuvo aquí.

-¿Qué día es hoy?

-24 de abril.

-¿De qué año?

- Del 2015, ¿qué año podría ser?

-¿2015? ¡No puede ser!

-Señor, no le miento, es el 2015.

-Confío en tí, es solo que... debo irme -prosiguió con rapidez.

Eduardo se levantó de la silla en donde estaba sentado, agradeció al joven muchacho y salió hacia la calle en busca de una respuesta que le explicase por qué estaba allí. El viento chocaba fuerte contra su cara, pero esto no lo detenía. Siguió avanzando sin saber adónde ir. Escombros: era todo lo que se veía. Decidió acercarse para observar mejor ese destruido lugar y, enseguida, se aproximó hacia un anciano que pasaba por allí.

-Disculpe, señor. ¿Podría decirme qué es este lugar?

-Mi nombre es José, y más bien era un lugar. Ahora no es más que un montón de piedras desparramadas. En este terreno, se encontraba la prestigiosa escuela nro. 2 pero fue vendida a una empresa petrolera y esto es todo lo que queda como resultado de esa venta. Su dueño, el señor Eduardo Simón, se marchó quién sabe adónde y jamás regresó.

-José, ¿me está hablando en serio?

-Claro que sí... ¿usted cómo me dijo que llamaba?

-Mi nombre es Marcos Otelo.

Eduardo no podía decir quién era, esto haría que José descubriese quién era.

-De acuerdo, fue un gusto hablar con usted. Ahora debo irme, adiós.

Antes de que Eduardo pudiera decir algo, el anciano ya se había marchado. El señor Simón salió corriendo en dirección al club para preguntarle a Juan dónde se encontraba antes del incidente con el balón. Así, sabría cómo volver al pasado. Cuando llegó al establecimiento, pero estaba vacío. Ni una persona rondaba por allí. Caminó por los corredores hasta llegar a la cancha de básquet y tomó una pelota de la gastada bolsa que se encontraba en el centro de la pista. Otra vez, esa sensación. Comenzó a sentir nuevamente ese temblor. No podía ni quería separarse de ese balón rojo. Unos segundos después, todo quedó vacío y silencioso.

-¡Cuidado!

Eduardo se corrió rápidamente: la bola iba justo hacia su cabeza pero la evadió corriéndose de lugar gracias al llamado de atención de...

-Me llamo Juan, ¿estás bien? Te salvaste de un buen golpe.

-Sí, creo que tuve suerte. Te hago una pregunta y ya me voy, no quiero molestar más su juego.

-No hay problema, decime. ¿Qué necesitás?

-Quería saber... ¿en qué fecha estamos?

-24 de abril del 2009. ¿Por qué?

-Curiosidad, simplemente. Bueno, me tengo que ir. Estoy un poco apurado. Muchas gracias, adiós.

-De nada, nos vemos.

Eduardo salió corriendo directo hacia la escuela: ya sabía lo que debía hacer. Marcó unos cuantos números en su teléfono y luego, casi gritando, dijo:

-¡No quiero aceptar su propuesta, me quiero quedar con mi escuela!

Eduardo colgó sin esperar respuesta alguna. No sabía si era del todo correcto lo que había dicho, pero al menos estaba seguro de que había escogido la mejor opción.

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Este cuento se encuentra protegido por los términos de la licencia Creative Commons Argentina CC-BY-NC-SA

La música de fondo es de Roger Subirana Mata.