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Futurama

de Agostina Cammarata

Trabajo realizado en el marco del proyecto La escuela del futuro. Profesoras Marisa Conde (informática), y Soledad Marchese (lengua).

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Futurama

- Desearía viajar al futuro... Sólo para entender cómo es que sobrevivió Andrés, en medio de toda esta guerra... Después de que la semana pasada huyó de casa, su único refugio - idió Margarita mientras tiraba monedas a la fuente y se secaba sus lágrimas.

Desilusionada, aunque no del todo, ya que era conciente de que lo deseos no se cumplen por el simple hecho de arrojar una moneda, volvió a su casa.

De casualidad, esa misma mañana recibió una carta. Pero, esta vez no era la factura del gas ni de la luz. Se trataba de un sobre dorado, en el que se podía leer claramente, con una letra grande y de imprenta, el nombre de Margarita. La carta estaba tan desprolija que parecía que el que la había escrito había perdido la habilidad de escribir:

"Madre: te escribo porque ya no soporto el tiempo que ha pasado desde que me fui. Sólo quiero que sepas que estoy bien, y que no quiero que me busques. Por favor. El día que vuelva a casa, va a ser porque yo lo deseo. Te quiero. Andrés."

A la noche siguiente, cuando se preparaba para ir a dormir, pensaba en la carta que había recibido el día anterior.

- Bueno, Margarita, no te preocupes. Mañana mismo vuelve a casa. - se decía a sí misma - Sí, ni bien se de cuenta de que no puede estar sólo, que necesita de mí, ahí va a volver.

Después de darse ánimos tomó el primer libro que había en la repisa. Era el del reconocidísimo psicoanalista Gerardo Wasco, titulado "Futurama". Éste trataba sobre los pequeños e imaginarios viajes que realizamos al futuro, inconscientemente.

Cuando iba por el quinto capítulo, marcó la página del libro doblando su punta inferior. Fueron cinco las veces que dobló las hojas. Cada vez que quería finalizar la lectura, el libro la atrapaba, y no podía dejar de leer.

Luego de unas horas, alzó la vista y vio una luz, un resplandor, que salió de su placard. Dejó el libro sobre la cama y caminó hacia allí. Al abrir la puerta de madera oscura, la luz la envolvió y no la dejó ver. Pero ella siguió caminando, no recordaba que su armario fuera tan grande.

De pronto, la luz se apoyó y ella se encontraba en un lugar distinto. Muy distinto, bastante distinto...

- ¿Qué es esto? - se preguntó Margarita - ¿Dónde estoy? ¿Será que mi deseo se cumplió?

Mas adelante, logró ver un edificio muy grande; era una escuela. Unos metros antes de llegar, alguien o algo la tomó fuerte del brazo y la empujo detrás de un árbol.

- ¿Quién eres? -preguntó ella, muy asustada - ¿Qué ocurre?

- Eso no importa ahora. Lo importante es que estás en el futuro y viniste a cumplir tu deseo, aquel que pediste en la fuente hace unos días. Por mí no te preocupes, puedes llamarme Beto. Digamos que soy como un ángel. Ahora, vamos a ir a la escuela a ver a Andrés, pero recuerda, somos invisibles, nadie puede vernos. Por lo tanto, tampoco puedes hablarle, pues no te escuchará. Y lo más importante, no puedes intervenir en NADA, - Beto remarcó el nada- ¿entiendes?

- ¡Sí! - contestó Margarita muy entusiasmada. Ni bien escuchó que verían a Andrés, no se preocupó por nada. Todo dejó de importarle desde ese momento. Sólo quería ver a su hijo.

Llegaron a la escuela y observaron la avanzada tecnología del edificio; en cada banco, los alumnos tenían una pantalla táctil, y todos se transportaban con una especie de monopatín volador dentro de la escuela.

Cuando sonó el timbre del recreo, pudieron entrar y Margarita buscó a su hijo dentro del colegio. Lo encontró estudiando para un exámen que tendría en la hora siguiente.

Ese mismo día, después de la escuela, Andrés iría a la casa de su mejor amigo para hacer un trabajo. Pero su madre no aguantó las ganas de estar con él. Así que, en el momento en que Beto no prestaba atención, Margarita puso un papel en la mochila de su hijo, en el que decía que se iba a encontrar con una gran sorpresa en la plaza, luego de la escuela. El joven no pudo resistir la tentación al leer la nota, y canceló la invitación de su amigo.

Eran las dos de la tarde cuando Andy (así lo llamaban sus amigos), estaba yendo a la plaza.

Cuando cruzaba la calle, un auto volador, que venía muy rápido en contramano, no lo vió. Cuando lo hizo ya era muy tarde; no pudo frenar.

- ¿Por qué? ¿Por qué tuve que intervenir?, - se preguntaba Margarita en la sala de espera del hospital - desearía nunca haber pedido ese deseo. Me siento la peor madre del mundo. Desearía volver al pasado, donde nada de esto sucedía.

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- ¡Má, mamá! ¿Estás bien? - se escuchó a lo lejos - ¡Despiértate!

Margarita abrió los ojos y vió a Andrés.

- Al fin te despiertas... Era una pesadilla, - dijo Andrés - pero ya está, ya pasó.

- Pero... ¡Volviste! ¡Y estás vivo! - dijo ella anonadada, mientras besaba a su hijo.

- Sí, má. No soporto estar tanto tiempo lejos de ti.

- Bueno, qué suerte que volviste. Ahora te voy a preparar algo rico para comer. ¿Tenés hambre? - le preguntó. Luego, volvió a dejar el libro en la repisa, y bajó a la cocina junto con su hijo.

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