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El reencuentro del brazalete

de Milena de Bilbao, Noelia Espantoso, Lucía Campos y Florencia Bonaventura.

Voz:

Trabajo realizado en el marco del proyecto La escuela del futuro. Profesoras Marisa Conde (informática), y Soledad Marchese (lengua).

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Melodía, como la llamaba su madre, podía parecer una chica común, bella y fuerte, tanto física como emocionalmente, como toda chica de 16 años del siglo XXIII. Pero no era así. Por dentro la tristeza y la amargura la invadían, ya que se encontraba en un Instituto de Artes Tecnológicas avanzadas, donde la mandaron sus padres, antes de la partida de ellos hacia la exploración al planeta “Mineral”, donde se encontraban todas las piedras preciosas existentes. Desde el 24 de julio, día de la partida de sus padres, no sabía nada de ellos.

El 18 de octubre, su preceptora Elina Castrez, a quien Melodía quería como a una tía, la llamó y la invitó a pasar a su oficina. Melodía ya estaba preparada para lo que le iba a decir. Cuando Melodía comenzó a llorar, Elina la abrazó y le dijo:

- ¿Qué ya lo sabías? ¿Quién te contó?

- Nadie -le contestó Melodía tristemente-. Ya me lo imaginaba al saber que no llegaban noticias de ellos.

- Melodía, tus padres no están muertos, están desaparecidos. Todavía hay esperanzas de encontrarlos. Su nave se extravió cerca de la Cueva de las Maravillas. Todas las autoridades nacionales y del colegio los están buscando, no los abandones, eso habrán querido ellos. Cualquier cosa, cuentas conmigo, como siempre.

Melodía volvió a su clase de Química y Física moderna, pero no pudo concentrarse. Se imaginaba a sus padres muertos, flotando por el espacio y pensaba que sería su vida sin ellos.

Repentinamente, una brillante idea apareció en su mente. En el momento en el que sonó el timbre y terminó la clase, se dirigió a su habitación.

Revolvió entre sus cosas y allí lo encontró. El mismo brazalete que su padre le había entregado antes de partir. Uno para ella y otro para su madre. Había dos dijes: uno tenía una llave, muy pequeña; el otro tenía una cajita. Y luego lleno de bolitas colgantes. Melodía probó meter la llave sobre una cerradura que se encontraba en la caja del dije, también pequeña. La llave encajó perfectamente. Al girar la llave dio pase a un holograma, había un mapa donde brillaba una luz. En el mapa se presentaban muchos planetas.

Melodía se dirigió a preceptoría. Le mostró el dije y el holograma a Elina diciéndole que su madre era la luz que brillaba en el mapa. Muchos investigadores y policías se dirigieron con Melodía y Elina hacía donde indicaba el mapa.

Allí encontraron restos de la nave esparcidos por todo el lugar. Se encontraban en el planeta Sparky, un lugar desértico, sin rastro de agua y lleno de nubes tóxicas.

Melodía se acordó de una canción que le cantaba su madre cuando era niña. El observar una cueva y acordarse de eso le pareció ridículo pero luego lo pensó mejor y recordó la letra que decía:

En un lugar y alejada me encontré

En un sitio sola y alejada me encontré

Lo pensé mucho mejor y en una

Cueva me metí

Y me encontré con un duende saltarín

Entonces, Melodía decidió buscar con la policía en la cueva.

¡Sí! ¡Qué emoción que sintió al ver a sus padres, sanos y salvos, durmiendo!

El reencuentro fue hermoso, inexplicable. Melodía, dentro de todo, volvió a ser la misma de antes, alegre y audaz, y no triste y apagada. Unos años después, se recibió en el Instituto de Artes Tecnológicas Modernas y comenzó a trabajar como exploradora espacial en la base ACX100, ubicada a unos 369.000km de la Tierra.

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