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Los tres fantasmas

de Ana Laura Vazquez

Voz:

Trabajo realizado en el marco del proyecto Contando cuentos dentro del Programa Adolescencia en combinacion con Espacios Digitales de Telecom Argentina llevados a cabo en Laboratorio de Informática del Centro Ramón Carrillo de Villa Soldati. Profesora Marcela Silva (informática).

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Había una vez, en el carrillo tres fantasmas, que se llamaban: Frank, Martin y Pato, y eran muy, pero muy traviesos.

Se la pasaban molestando a todos los del barrio y a nadie le gustaba lo que ellos hacían.

Las señoras colgaban la ropa en la soga y ellos las pintaban, muy atrevidos, pinchaban las ruedas de los autos y rompían los vidrios de las ventanas y muchas cosas más, y se morían de la risa entre ellos.

Pero un día, todo lo que hacían llegó a oídos del fantasma mayor, Don Gregorio, que se enojó mucho y les quiso dar una lección.

Cuando pintaban la ropa, la pintura se le caía toda a ellos ensuciándolos, cuando rompían los vidrios, se cortaban cayéndose pedazos de ellos, se quedaban sin ojos, o sin nariz, o sin lengua, o sin orejas. Cuando pinchaban las ruedas, se le hacían agujeritos a ellos y les salía aire por todos lados.

- ¿Qué está pasando? – pregunta doña Juanita - qué viento que hay hoy.

- No sé - contestaba doña Pancracia - pero esta mañana me pareció ver una mancha de pintura que pasaba delante de mi casa.

- Sí, en el barrio pasan cosas raras y hay mucho viento últimamente.

Pero los más sorprendidos eran los mismos fantasmas, que ya no reían más y sólo lloraban.

- Buaaaaaaaaaaaaa - lloraban los fantasmas – buaaaaaaaa - ahora estaban sucios, agujereados, pinchados, cortados y desesperados.

Fueron a ver a Don Gregorio, para preguntarle qué estaba pasando.

Don Gregorio contestó:

- Fueron malos fantasmas, este es el castigo que yo les di por molestar tanto a la gente del barrio Carrillo.

- No lo haremos más - decían los fantasmas y lloraban y lloraban – sácanos el castigo queremos estar como antes.

Don Gregorio les dijo: - Si ustedes empiezan a hacer buenas cosas, el castigo se les irá yendo, por cada cosa buena que hagan se les arreglará otra, se les devolverán las orejas, la lengua, los ojos... y así volverán a ser como antes.

Y así hicieron. Pusieron flores en las ventanas, lavaron los autos, perfumaron la ropa de la soga, inflaron las ruedas de los autos que se desinflaban y muchas cosas mas, y así se solucionó todo. Los fantasmas ahora eran felices, y los vecinos en el Carrillo ni te cuento...

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